enero 28, 2010

Admito gozar de lo Siniestro

Admito gozar de lo siniestro, como se goza de una manzana prohibida.

Es siniestro querer escribir de lo siniestro a las dos de la mañana, y que en el intento se desintegren las palabras, transportadas por la lengua de carpintero, desde el cerebro hasta los dedos.

Habrán pasado por la boca, quiéralo o no, así se habrán impregnado del desenfado que tiñe cualquiera de mis discursos francos.

Sentí cómo las palabras se deslizaban por mi nuca y me hacían cosquillas. Por el espejo las vi pasar gritando como chiquillas, a una velocidad que casi me rompen la piel las afiladas cuchillas de los patines que llevaban.

Cuando llegaron a mis hombros, las fui a buscar con sigilo, porque se habían recostado y se habían escondido de mí para cuchichear.

¡Vaya, bribonas! Alcancé a oir cómo se burlaban. Que estoy senil, que mi locura me tiene por los pelos, que debía estar durmiendo, que "esta es hora de pasearnos nosotras por sus huecas cabezas  atormentándolos y no de que nos persigan", chillaban.

Puedo jurar que chillaban...

Cuando logré acorralarlas, nada más me miraron las manos. Las vieron grandes y fuertes, y decidieron no oponer resistencia. Se entregaron.

Cuando tuve las palabras en las manos, el duende siniestro me susurró las instrucciones perfectas para una nueva traición: "Tú que eres hija de hombre, lánzate de aquí, escupe las tontas palabras que pensaste, y si eres tan poderosa como dices, veamos a si alguien viene a salvarte"...

...Confieso que gozo, enormemente, de lo siniestro.

enero 24, 2010

Reencuentro

"¿Qué demonios hago con las ganas de tocar guitarra a las dos de la mañana?" - se preguntaba Manuel tendido en la cama, con la luz apagada y sin poder dormir.
Siguió dándole vueltas mentalmente a los acordes de las últimas canciones que había aprendido. Ese rumiar conocimiento, masticarlo en el cerebro y lograr digerirlo, más que aprender, para él implicaba aprehender:
"No hay como estudiar tanto algo, al punto de hacerlo tuyo"- pensaba.
Luego se durmió.
Cuando despertó, el único sueño que logró recordar de la noche recién pasada fue uno en que había un gentío aplaudiendo. Al centro de la pista, él bailaba con una mujer. No pudo traer la imagen de su cara, ni precisar su nombre. Lo más claro era la sensación aún viva de gozar tanto el baile, como nunca lo había hecho.
Podía recordar los sones de una salsa de Tito Puente al tiempo que hacía girar con ligereza a su pareja tomada de la mano. Al terminar el giro, recibía su cuerpo en elástico movimiento, trabándola con la otra mano por la cintura.
Al mirar su derecha casi podía ver el grácil cuerpo envuelto en un vestido rojo, y todavía al mediodía le duraba la sensación del roce de la seda.
Ya sumido en el avance del mural para el hospital nuevo, las sensaciones y los recuerdos del sueño casi se disipaban, cuando escuchó el timbre.
Se limpió las manos y fue hasta la puerta.
Al mirar por el ojo mágico, no consiguió ver más que una melena, de modo que decidió abrir.
"Hola...¿Manuel?...¿Es usted Manuel...?"
Nada más escuchar la voz de la visitante reconoció a Elisa, su eterna amiga de la adolescencia.
Elisa no alcanzó a terminar la pregunta porque se vio envuelta en un abrazo que la llenó, entre otras cosas, de alegría, al tiempo que la mente de Manuel volvía a poblarse de imágenes de su sueño.

enero 23, 2010

(Des)Entendiendo

Parecía inexplicable. A veces reaccionaba violentamente y no quería nada.
Como cualquier día, como todos los días, se encontraba en medio de todo, pero sola.
Estaba en el centro de las redes, oculta. Rodeada de gente y de cosas; de palabras y de números, pero sola. Evitando el contacto del mundo.
Pensaba en los odios que se tienen a pesar del amor...
Esta vez las llamadas al teléfono no tuvieron respuesta, pero a diferencia de las veces anteriores, no era parte del placentero ejercicio de descolgarlo por la mañana del sábado hasta el día siguiente. Esta vez el teléfono sonaba.
Antes de yacer en el suelo con la cabeza rota, hubo un golpe fatal.
Antes del golpe fatal, hubo un jarrón cayendo desde lo alto del estante.
Antes del jarrón cayendo hubo dos manos intentando sujetarse en el mismo estante.
Antes de las manos sujetándose, hubo un cuerpo que empezaba a caer y el instinto de sostenerse.
Antes del cuerpo intentando sostenerse, hubo un vahído que le invadió desde la cabeza hasta el estómago vacío.
Antes del vahído hubo un alma espantada en la soledad.
Y antes del espanto de la soledad, la misma alma estuvo crispada por el odio a pesar del amor.

enero 22, 2010

De Veintidós

Mis ojos han sido benditos,

mi alma premiada

y mi deseo halagado,

mas no saciado.

Esta ciudad me regala hombres,

fuera de cosas, casas, patios,

luces, perros y papeles,

me regala esos hermosos hombres

que han traspasado mi gusto,

que viriles y despistados

se han instalado justo en mi mira,

en las entrañas de mis ganas profundas

que fijan un haz de hielo

con mis ojos locos, extasiados

recorriéndoles las manos.

Siento hundido el pecho,

inundado en éter pesado y ardiente,

y mientras la piel se siente tocada,

mis manos se abren

con heridas sangrantes,

tensando un hilo caliente

desde la punta de mis dedos

hasta el duende mujer-niña

que habita al centro

entre mis pechos

y que tira fuerte

esa cadena hasta adentro

y desfallece en su intento

por las ganas de levantar la tapa

de la jaula de la fiera.