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Buenas noches, cariño

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-Cariño, a esta hora la luna se ve por la otra ventana- le dijo mientras servía el vino. Ella volteó, y sólo la luz de las velas le iluminó el rostro. Él levantó la cabeza, la miró, y ambos vieron el brillo de la lujuria disfrazada de ingenuidad en los ojos del otro. La tomó por los hombros y la llevó en dirección a la ventana que dejaba colarse un haz de luz fría, pero no alcanzaron a ver la luna. Ellos despertaron muy tarde, acostados, como las copas sobre el mantel, que despertó al nuevo día con una enorme flor carmesí.

Deseo Real N°1

Tan solo pretendo gozar hasta hartarme de los privilegios de mi imperio antes de que alguien materialice en mi carne su proyecto de asesinato.

Gourmet Jail

Fueron los tres. Bajaron del auto en el estacionamiento, conectaron la alarma y caminaron hacia la rampa mecánica. Subieron hasta el último piso, salieron del pasillo y se encontraron en el hall de comidas. Sin duda, con la idea clara que llevaban fueron derecho hasta Gourmet Jail. Entraron y se ubicaron en una mesa para cuatro junto al ventanal. Desde ahí podían ver el borde de la ciudad, la costanera con los chalet de vacaciones y la bahía completa. Cuando se acercó el mozo, recibieron la carta y, como es lógico, ayudaron a Patrick a escoger, y enseguida, cada uno pidió su aperitivo para esperar por sus langostas con los respectivos acompañamientos. El almuerzo estuvo relajado y ameno, todos gozaban del mejor humor, y a ratos se complacían siguiendo con la mirada algún yate que paseaba por la bahía. Miraban por la ventana. Así pasaron el resto de la tarde. Mirando por la ventana. No se veía más que gente caminando y de vez en cuando un taxi. El Gourmet Jail era maravilloso. Hubieran ...

Un nuevo comienzo

Después de apagar la luz y una vez que ya se había quedado dormida, Eduardo siguió contemplando el bulto de Valentina debajo del cubrecamas. La poca luz que alcanzaba a rebotar desde el comedor, entraba por la franja de la puerta que mantenía entreabierta e iluminaba el rostro de su pequeña. Esa imagen le hacía imposible no recordar a quien fuera el amor de su vida. A pesar de sus treinta escasos años, y de los numerosos romances con que contaba, cada noche se daba vueltas en su cama dudando seriamente que alguna vez llegara a amar a alguien como había ocurrido con Susana. Al caminar de vuelta hacia al comedor, sintió un miedo tremendo. No podría haberlo explicado con palabras, pero sólo sabía que tenía que ver con una cosa: la vida le había devuelto a alguien a quien amaba demasiado y conocía muy poco. La llegada de Valentina no había ocurrido de la forma más linda. Había muchísimos recuerdos hermosos, pero cuando aún no se cumplía un mes de la muerte de Susana, parecían abundar los p...

Admito gozar de lo Siniestro

Admito gozar de lo siniestro, como se goza de una manzana prohibida. Es siniestro querer escribir de lo siniestro a las dos de la mañana, y que en el intento se desintegren las palabras, transportadas por la lengua de carpintero, desde el cerebro hasta los dedos. Habrán pasado por la boca, quiéralo o no, así se habrán impregnado del desenfado que tiñe cualquiera de mis discursos francos. Sentí cómo las palabras se deslizaban por mi nuca y me hacían cosquillas. Por el espejo las vi pasar gritando como chiquillas, a una velocidad que casi me rompen la piel las afiladas cuchillas de los patines que llevaban. Cuando llegaron a mis hombros, las fui a buscar con sigilo, porque se habían recostado y se habían escondido de mí para cuchichear. ¡Vaya, bribonas! Alcancé a oir cómo se burlaban. Que estoy senil, que mi locura me tiene por los pelos, que debía estar durmiendo, que "esta es hora de pasearnos nosotras por sus huecas cabezas  atormentándolos y no de que nos persigan", chillab...

Reencuentro

"¿Qué demonios hago con las ganas de tocar guitarra a las dos de la mañana?" - se preguntaba Manuel tendido en la cama, con la luz apagada y sin poder dormir. Siguió dándole vueltas mentalmente a los acordes de las últimas canciones que había aprendido. Ese rumiar conocimiento, masticarlo en el cerebro y lograr digerirlo, más que aprender , para él implicaba aprehender: "No hay como estudiar tanto algo, al punto de hacerlo tuyo"- pensaba. Luego se durmió. Cuando despertó, el único sueño que logró recordar de la noche recién pasada fue uno en que había un gentío aplaudiendo. Al centro de la pista, él bailaba con una mujer. No pudo traer la imagen de su cara, ni precisar su nombre. Lo más claro era la sensación aún viva de gozar tanto el baile, como nunca lo había hecho. Podía recordar los sones de una salsa de Tito Puente al tiempo que hacía girar con ligereza a su pareja tomada de la mano. Al terminar el giro, recibía su cuerpo en elástico movimiento, trabándola con...

(Des)Entendiendo

Parecía inexplicable. A veces reaccionaba violentamente y no quería nada. Como cualquier día, como todos los días, se encontraba en medio de todo, pero sola. Estaba en el centro de las redes, oculta. Rodeada de gente y de cosas; de palabras y de números, pero sola. Evitando el contacto del mundo. Pensaba en los odios que se tienen a pesar del amor... Esta vez las llamadas al teléfono no tuvieron respuesta, pero a diferencia de las veces anteriores, no era parte del placentero ejercicio de descolgarlo por la mañana del sábado hasta el día siguiente. Esta vez el teléfono sonaba. Antes de yacer en el suelo con la cabeza rota, hubo un golpe fatal. Antes del golpe fatal, hubo un jarrón cayendo desde lo alto del estante. Antes del jarrón cayendo hubo dos manos intentando sujetarse en el mismo estante. Antes de las manos sujetándose, hubo un cuerpo que empezaba a caer y el instinto de sostenerse. Antes del cuerpo intentando sostenerse, hubo un vahído que le invadió desde la cabeza hasta el es...